los hombres se enfrentan con su propio ser.
Ahora, es la toma de conciencia,
de que ¡el salvador ha muerto!
y solo aman a lo que tienen,
siendo una salvedad para sus propios deseos.
Impacientes e implacables a la hora de elegir,
todos sus miedos y las vanas predicciones
ya son parte de su carne,
las utopías, el olvido y el encierro.
Por eso hoy, ahora, y en este mismo momento;
¡saluden a la tierra!
y que os brinde el nuevo sol
la luz necesaria
para que pinte y calumnie
haciendo de cada momento
una obra de arte.
Atte. Edgardo.








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